martes, 27 de mayo de 2008


TUS AMIGOS TE PUEDEN HACER ENGORDAR

Parece gracioso escuchar eso de que es "contagiosa". El ser humano es un ser sociable y por ende siempre necesitará vincularse con los demás. Las personas de nuestro entorno, familiares y amigos, juegan un papel muy importante en nuestros hábitos alimenticios.

Decir que la obesidad es contagiosa puede parecer exagerado y, además, contribuye a estigmatizar a los ya de por sí relegados 'gorditos'. Pero un estudio publicado hace unos meses en 'The New England Journal of Medicine' ha sacudido a la comunidad científica al mostrar que la tendencia a añadir kilos a la báscula se extiende entre el entorno social del obeso siguiendo un patrón similar al de las enfermedades infecciosas. La investigación demuestra que los genes, aunque juegan su papel, son menos culpables de la escalada de la obesidad de lo que se creía. Por contra, los expertos se muestran esperanzados porque quizá las estrategias preventivas, educativas y terapéuticas para paliar este problema de salud pública puedan diseminarse a través de los lazos sociales y tener un efecto positivo multiplicador.

Así cuando andas con personas pesimistas por ejemplo, en algo te contagias de su manera de ser; cuando sales con personas que tienen la costumbre de "comer bien", es decir aquellas con sobrepeso, estarás adoptando quizás parámetros y costumbres similares a las de ellas. Con esto no pretendemos que exista alguna discriminación o algo que se le parezca, sino en la de entablar con esas amistades, un intercambio de opiniones para que los encuentros sean de diversa índole y no precisamente "tener que llevarse algo a la boca".

Cuando una persona aumenta de peso, las de su entorno corren un riesgo mucho mayor de comenzar a engordar también. De esta manera, el exceso de kilos y la obesidad se extienden implacablemente, apoyándose en el entramado de los lazos familiares y sociales; igual que lo haría un virus.

El estudio

Los autores de la sorprendente investigación escogieron un segmento de la muestra que participa en el estudio Framingham; un gran seguimiento epidemiológico del que forman parte, desde 1948, todos los habitantes del pueblo estadounidense que da nombre al trabajo.

En total, se analizó una muestra de más de 12.000 personas, con especial atención a la progresión de sus conexiones familiares, sociales y laborales. Así fue como comprobaron, a grandes rasgos, que tener un amigo 'gordito' aumenta las probabilidades de subir de peso en un 57%; un 40% si el que engorda es un hermano y un 37% si es el cónyuge. Es más, si la relación de amistad es muy estrecha y bilateral (es decir, ambas partes se consideran amigos íntimos), la cifra se dispara hasta el 171%. Entre los hermanos, el fenómeno es más acusado cuando se trata de personas del mismo sexo, especialmente si son chicas. Finalmente, la propensión a la obesidad no se manifiesta entre vecinos, ni siquiera aunque vivan muy próximos.

«Nuestro trabajo sugiere que la obesidad se puede diseminar a través de las redes sociales de manera cuantificable y con un patrón predecible que depende de la naturaleza de este tipo de lazos. Es más, la distancia social parece ser más importante que la estrictamente geográfica en este sentido», concluyen los autores del curioso seguimiento.

Muy importante

¿Y por dónde empezar a educar? A pesar de la importancia que los expertos conceden al colegio; éstos no tienen dudas: la labor formativa debe comenzar en la familia, que es el núcleo donde un individuo desarrolla sus comportamientos (aunque luego los perfile en grupos externos a esa unidad).

Por regla general, la mujer es quien hace la compra y la comida o, al menos, es la que organiza la cesta de los alimentos y los menús, así que por suerte o por desgracia las féminas juegan un papel fundamental en la transformación que debemos emprender si queremos revertir la tendencia actual a seguir engordando.

Fuente:
The New England Journal of Medicine . Julio 2007
Lic. Carmela Fernandini Artola

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