sábado, 8 de marzo de 2008


MUJERES: UN SIGLO POR LA LIBERACIÓN

La casualidad ha determinado que justamente la fecha que debo escribir para la web coincida con la celebración del Día Internacional de la Mujer; pero antes de entrar en el tema quiero, desde estas líneas, enviar un fraternal saludo a mi gran amigo Daniel y a su compañera de siempre Rebeca que también celebran su aniversario de bodas este día –siempre recuerdo esta fecha- bueno, como muchos de ustedes saben, con Daniel hemos construido una sólida amistad de más de tres décadas en las cuales hemos compartido ideas, proyectos, aventuras y horizontes de vida comunes, nuestros caminos siempre se han encontrado en diversas circunstancias de la vida primero en el colegio, en el barrio y mas adelante en la universidad y ahí es donde también confluye Rebeca que ha sido también mi condiscípula en las aulas sanmarquinas y a quien también guardo un gran aprecio como amiga y compañera de aquellos días de juventud estudiantil en la Facultad de Sociales de San Marcos; espero que pasen un bonito aniversario en compañía de sus niñas: Dayre y Alexis.

LOS ORÍGENES

Corría el año de 1910 y en Copenhague -Dinamarca- se reunían un centenar de delegadas de 17 países en La Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, las discusiones giraban sobre todo en torno a las reivindicaciones sociales y políticas que la mujer trabajadora debía conquistar, ya el movimiento sindical internacional se orientaba a reivindicar las 8 horas de trabajo y las mejoras en las condiciones de vida, es en este contexto que la dirigente obrera Clara Zetkin (de Alemania) eleva una moción para establecer un Día Internacional de la Mujer Trabajadora y que se conciba como una jornada de lucha por los derechos de todas las mujeres. La propuesta fue aprobada unánimemente por el pleno de la conferencia y se encargó que sea implementada a partir del año siguiente en una fecha por designar.

El Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines simultáneos a los que asistieron más de 1 millón de personas, que exigieron para las mujeres el derecho de voto y de ocupar cargos públicos, el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral; se había generado un inmenso movimiento de masas y la mujer comenzaba a levantarse sobre la doble explotación: la explotación como trabajadora y como “servidora” doméstica.

El 25 de marzo -6 días después de estas movilizaciones-, más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, tomaron las instalaciones de la fábrica Triangle en Nueva York reclamando mejoras salariales y reducción de la jornada laboral que era de 14 horas y ante su negativa a salir los dueños mandaron incendiar la fábrica muriendo calcinadas todas las trabajadoras. Este suceso tuvo grandes consecuencias en la legislación laboral de los Estados Unidos, y las organizaciones de mujeres trabajadoras incorporaron a las mártires en sus banderas de lucha; se recordó que también el 8 de marzo de 1908 en la misma ciudad de Nueva York había ocurrido una tragedia similar con otro centenar de obreras en la fábrica textil Cotton quienes también fueron cruelmente quemadas en su centro de trabajo, la deshumanización descarnada de la acumulación capitalista se cebaba con lo que siempre se consideró el “sexo débil” y fueron las trabajadoras más humildes las que se ponían ahora al frente de la lucha social y la igualdad no solo laboral sino también de género.

UN SIGLO DESPUÉS

Han transcurrido 100 años desde que se inició esta gesta y aunque es evidente que muchos de los sueños de aquellas aguerridas mujeres se han hecho realidad, aún queda un largo camino para superar todos los prejuicios que arrastramos desde hace milenios y es que la división de la sociedad en clases antagónicas no solo se dio en el terreno de las fuerzas productivas y los medios de producción sino que penetró en lo profundo de la conciencia humana enajenándola y trastocándola, dando como resultado un “sentido común” que por generaciones metió en la cabeza de la humanidad que era “natural” el dominio del fuerte sobre el débil, del poseedor sobre el desposeído, del rico sobre el pobre, de una raza “superior” sobre otra “inferior”, de una nación poderosa sobre otra nación débil, del macho sobre la hembra, del adulto sobre el niño y así una larga sucesión que ha ido envileciendo a la humanidad; por ello cuando la historia hace que algún eslabón de esta oprobiosa cadena se rompa los que siempre aseguraron su dominación se sienten sin piso y reaccionan violentamente a contrapelo de la historia.

Esto es lo que ha sucedido con respecto a la liberación de la mujer que aún tiene mucho terreno por conquistar sobre todo en las sociedades que hacen del maltrato y la violencia una institución como en algunos países islámicos del África como en Malí donde se practica la ablación (léase mutilación) de los genitales de las niñas, la lapidación de mujeres adúlteras y el uso perpetuo de la burka en Afganistán y Pakistán e incluso la deformación de los pies y piernas de las mujeres en algunas aldeas de la China (“pies de loto”), etc… Pero también en el mundo occidental en la actualidad hay una resistencia a ubicar a la mujer en el mismo nivel que el hombre y podemos constatarlo en la desigualdad en la remuneración a pesar de ocupar los mismos puestos laborales que los hombres, la tendencia a mantenerla atada en la labor doméstica a pesar del desarrollo tecnológico y la automación e incluso a segregarla ideológicamente dentro del libre ejercicio espiritual y religioso (¿por qué la Madre Teresa de Calcuta a pesar de haber sido declarada santa no pudo nunca oficiar una misa ni consagrar una ostia?); y que decir de la mujer en el terreno suburbano y rural donde campea la extrema pobreza, donde es abandonada por el marido con cinco o seis hijos y muchas de ellas desde niñas son arrastradas por la necesidad a la prostitución, y también tenemos la violencia doméstica presente en todos los estratos sociales, y el feminicidio que cada semana cobra la vida de alguna mujer por cualquier motivo y muchas otras “perlas” que nos recuerdan que todavía hay mucho por hacer.

Este Día Internacional de la Mujer debe involucrarnos a todos en la tarea de construir un mundo nuevo que quizás no lo veamos nosotros pero si nuestros hijos y nietos, ellos se lo merecen, recordemos que nuestro mundo inmediato esta rodeado de mujeres vitales y es por ahí donde debemos comenzar viendo con verdaderos ojos humanos a nuestras iguales: nuestras parejas, hijas, hermanas, madres, vecinas y todo el entorno que merece el mismo respeto que exigimos para nosotros mismos.


Mario Domínguez Olaya

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